“Querido Jacob:
Te escribo para decrirte que estoy casada. Trata de olvidar lo que pasó entre nosotros. Sé que es dificil, y, a tu edad supongo que más, pero no me hables a mi de cosas difíciles que vivo en el campo y trabajo la tierra. Entiéndelo, amor mio, tan solo tienes 23 años y yo ya tengo 35, casada y con dos criaturas. Aquello que pasó fue un error del que nadie tiene que saber nada. Fue una pequeña locura del destino, una trampa de la vida. Oh Jacob, discúlpame por este dolor que te estoy causando, pero ahora no corren buenos tiempos y no puedo estar jugándome mi estatus social con un crio de tu edad, querido. Es cierto que lo pasamos bien. Me decías cosas bonitas que me alegraban los oidos. Y tus besos, tan apasionados,. Y tus caricias, tan dulces y claras. Pero no Jacob, esto se acabó, ya no puedo verte más. ¿Es que no entiendes que tan solo eres un crio que dedica su joven vida a ir de pueblo en pueblo deleitando a los paisanos con pequeñas obrillas teatrales? esta relación estaría mal vista por todos y todas. ¡Se me trataría como una fulana!
Espero que algún día entiendas mi desdicha y logres perdonarme, bonito mío. Dale recuerdos a tu viejo padre, con el que, ahora te confieso, tuve, también, un pequeño amorío fugáz cuando yo apenas tenía 19 años y tú eras un crío.
Besos y disculpas.”
Elisa.






